jueves, 11 de abril de 2013

DESESPERACIÓN Y RESILIENCIA


Ricardo García Mira

Suicidio, del latín sui-cidium (sui = a sí + cidium = acto de matar), se refiere al acto, deseo o intento de quitarse la vida. En la Grecia y la Roma clásicas morir decentemente, con razón y dignidad era importante, y el suicidio significó liberarse de un sufrimiento insoportable, normalmente provocado por la enfermedad o el deshonor. Hoy la conducta suicida obedece más a una salud psicológica debilitada por el estrés vital, una vejez sin protección, institucionalizada y aislada, que lleva a la percepción de soledad o de pérdida de un papel activo, social o laboral, que dé sentido a la vida. 

El origen del suicidio es multicausal. En la exploración de la historia de los suicidas se ha observado la confluencia de factores biológicos, que postulan un posible origen genético o ponen de relieve el papel de algunos neurotransmisores como la serotonina o la reducción de actividad de sus receptores, psicológicos, manifestados por la desesperación o la depresión, y sociales, asociados al impacto o al mensaje social que pretenden transmitir algunas escenificaciones de suicidio, con el riesgo que conlleva de replicación. 

La decisión de suicidio en pareja no hace sino reforzar la ruptura con las estrategias de resiliencia, que ayudan a todo ser humano en la búsqueda de soluciones para resistir esas situaciones dramáticas que conducen a la frustración, y para las que hoy la psicología cuenta con valiosos recursos de apoyo.

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